¿Qué es la artrosis de rodilla?
La artrosis de rodilla, conocida clínicamente como gonartrosis, es la enfermedad articular más frecuente en adultos mayores de 50 años. Se calcula que afecta a más del 30 % de las personas mayores de 65 años en España y Latinoamérica, siendo una de las principales causas de dolor crónico y discapacidad funcional. A diferencia de lo que muchos creen, no se trata simplemente de «desgaste por la edad»: es una enfermedad activa del cartílago, el hueso subcondral y los tejidos periarticulares de la rodilla.
La rodilla es la articulación más grande del cuerpo humano. Está recubierta por cartílago articular, un tejido liso y resistente que actúa como amortiguador entre el fémur, la tibia y la rótula. En la gonartrosis, ese cartílago se deteriora progresivamente: se vuelve más delgado, pierde elasticidad y puede llegar a desaparecer en zonas concretas, dejando hueso contra hueso. Como respuesta, el organismo genera inflamación local y puede formar osteofitos (pequeñas protuberancias óseas en los bordes articulares), resultando en una articulación dolorosa, rígida y con movilidad reducida.
Para entender la artrosis en un contexto más amplio puede consultar nuestro artículo sobre artrosis: qué es, síntomas, causas y tratamiento actualizado.
Síntomas principales de la artrosis de rodilla
Los síntomas suelen aparecer de forma gradual y empeorar a lo largo de meses o años. Los más característicos son:
Dolor mecánico
Es el síntoma cardinal. Aparece con el movimiento y mejora con el reposo. Es especialmente intenso al bajar escaleras, al levantarse tras un período de inactividad prolongada o al caminar en terrenos irregulares. En fases avanzadas, el dolor puede presentarse también en reposo o por la noche.
Rigidez matutina
Al despertar, la articulación puede sentirse «agarrotada» durante 15 a 30 minutos. Esta rigidez es breve en comparación con la artritis reumatoide (donde puede superar la hora) y mejora con el movimiento suave durante el día.
Crepitaciones y chasquidos
Muchos pacientes describen un ruido o chasquido al doblar o estirar la rodilla. Estas crepitaciones reflejan la irregularidad de las superficies articulares por la pérdida progresiva de cartílago.
Inflamación y derrame articular
En episodios de reagudización, la rodilla puede inflamarse y acumular líquido sinovial, generando sensación de presión, calor local y aumento de volumen visible. Estos brotes suelen desencadenarse por exceso de actividad o cambios de temperatura.
Pérdida de función y deformidad
Con el tiempo, la artrosis puede provocar una reducción del arco de movimiento y, en casos graves, deformidades como el genu varo (piernas en paréntesis) o el genu valgo (piernas en X).
Grados de artrosis de rodilla: escala Kellgren-Lawrence
Los radiólogos y traumátologos clasifican la severidad mediante la escala Kellgren-Lawrence (KL), que va de 0 a IV basada en hallazgos radiológicos:
| Grado | Denominación | Hallazgos radiológicos |
|---|---|---|
| Grado 0 | Sin artrosis | Articulación normal, sin alteraciones visibles |
| Grado I | Dudosa | Posible osteofito marginal, espacio articular conservado |
| Grado II | Leve | Osteofitos definidos, leve reducción del espacio articular |
| Grado III | Moderada | Osteofitos múltiples, reducción moderada del espacio, esclerosis subcondral |
| Grado IV | Grave | Gran reducción del espacio, esclerosis grave, posible deformidad ósea |
Esta clasificación orienta el tratamiento: los grados I y II responden bien a medidas conservadoras; el grado III contempla infiltraciones o artroscopia; el grado IV es candidato habitual a prótesis de rodilla.
Causas y factores de riesgo
La artrosis de rodilla no tiene una causa única: es el resultado de la interacción entre factores biológicos, mecánicos y ambientales:
- Edad: El riesgo aumenta significativamente a partir de los 50-55 años, cuando el cartílago pierde capacidad de regeneración.
- Sexo: Las mujeres son más vulnerables, especialmente tras la menopausia, debido a la caída de estrógenos que protegen el cartílago.
- Sobrepeso y obesidad: Cada kilogramo extra ejerce entre 3 y 5 kg adicionales de carga sobre la rodilla en cada paso.
- Antecedentes de lesiones: Roturas de menisco, lesiones del ligamento cruzado anterior o fracturas articulares aumentan el riesgo de artrosis prematura.
- Actividad física intensa repetitiva: Trabajos o deportes que implican arrodillarse frecuentemente, subir y bajar escaleras o cargar peso favorecen el desgaste.
- Factores genéticos: Existe una predisposición hereditaria clara: si sus padres o abuelos la padecieron, el riesgo es notablemente mayor.
- Alteraciones del eje de la rodilla: El genu varo o valgo distribuye el peso de forma asimétrica, sobrecargando un compartimento de la articulación.
El dolor de articulaciones y cansancio también puede estar relacionado con condiciones sistémicas. Si el dolor es generalizado o va acompañado de fatiga intensa, conviene descartar otras causas antes de asumir que se trata de artrosis.
Diagnóstico de la artrosis de rodilla
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y radiológico. El médico evaluará varios aspectos:
Historia clínica y exploración física
El traumátologó o reumátologó interrogará sobre el tipo, la localización y los factores que agravan el dolor. En la exploración, buscará crepitaciones, limitación del movimiento, derrame articular y puntos dolorosos específicos.
Radiografía en carga
La radiografía simple de rodilla en carga (de pie) es la prueba de referencia para evaluar el espacio articular, detectar osteofitos y clasificar el grado según Kellgren-Lawrence. Rápida, económica y suficiente en la mayoría de los casos.
Resonancia magnética
Se reserva para casos con discordancia entre la clínica y la radiografía, o cuando se sospecha daño meniscal o ligamentoso asociado. Permite visualizar el cartílago directamente y detectar lesiones en fases muy tempranas.
Análisis de sangre y líquido sinovial
Útiles principalmente para descartar otras artritis (reumatoide, gotosa, infecciosa). En la gonartrosis pura, los marcadores inflamatorios suelen ser normales o ligeramente elevados.
Tratamiento de la artrosis de rodilla
No existe actualmente un tratamiento que revierta la pérdida de cartílago, pero sí estrategias muy eficaces para controlar el dolor, frenar la progresión y mejorar la calidad de vida. El abordaje es escalonado y siempre personalizado.
1. Fisioterapia y ejercicio terapéutico
Es el pilar fundamental del tratamiento. Un fisioterapeuta diseña un programa que incluye fortalecimiento del cuádriceps e isquiotibiales, ejercicios de bajo impacto (natación, bicicleta estática, aquagym), estiramientos para mantener la flexibilidad y técnicas manuales como movilización articular. Estudios publicados en Osteoarthritis and Cartilage (2021) confirman que el ejercicio supervisado reduce el dolor en un 40-50 % en artrosis leve a moderada.
2. Control del peso corporal
Perder tan solo el 5-10 % del peso corporal puede reducir el dolor de rodilla en un 50 %, según datos del estudio IDEA (2013). Es, junto con el ejercicio, la intervención más coste-efectiva disponible y la que más impacto tiene a largo plazo en la progresión de la enfermedad.
3. Analgésicos y antiinflamatorios
- Paracetamol: primera línea por su perfil de seguridad.
- AINE tópicos (diclofenaco en gel): eficaces con menos efectos sistémicos que los orales.
- AINE orales (ibuprofeno, naproxeno): en brotes agudos, durante el menor tiempo posible.
- Tramadol o duloxetina: en dolor crónico refractario a los anteriores.
4. Infiltraciones articulares
Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, el médico puede recurrir a corticoides intraarticulares (alivio rápido del dolor durante 4-8 semanas), ácido hialurónico (mejora la viscosidad del líquido sinovial, útil en grados II-III) o PRP (plasma rico en plaquetas), una técnica en auge con evidencia moderada en fases tempranas.
5. Dispositivos ortopédicos
Las rodilleras de descarga, las plantillas ortopédicas o el uso de bastón en el lado contralateral pueden redistribuir la carga sobre la rodilla y aliviar el dolor en las actividades cotidianas.
6. Cirugía
Se considera cuando la artrosis es de grado IV o el dolor es incapacitante y no ha respondido a tratamiento conservador durante más de 6 meses. Las opciones incluyen artroscopia (limpieza articular, con indicación cada vez más selectiva), osteotomía (corrección del eje en pacientes jóvenes con artrosis unicompartimental) y prótesis de rodilla o artroplastia total, opción definitiva en casos avanzados con una tasa de satisfacción superior al 85 % a los 10 años.
Glucosamina y condroitina: apoyo para el cartílago
Dos suplementos han acaparado la atención de investigadores y pacientes en las últimas décadas: la glucosamina y la condroitina. Ambos son componentes naturales del cartílago articular humano y se plantean como soporte nutricional para la articulación dañada.
El mecanismo propuesto es doble: aportan los elementos necesarios para el mantenimiento del cartílago y ejercen propiedades antiinflamatorias moderadas. El estudio GAIT del NIH (2006) mostró que la combinación de ambos redujo significativamente el dolor en pacientes con artrosis de rodilla de moderada a grave.
Para más información sobre su mecanismo de acción, dosis y evidencia científica:
- Glucosamina y condroitina: para qué sirven realmente
- Condroitina: para qué sirve, beneficios y diferencias con la glucosamina
- Glucosamina: beneficios, desventajas y dosis recomendada
Las guías clínicas europeas (EULAR, ESCEO) reconocen el perfil de seguridad favorable de estos suplementos y los consideran una opción válida en artrosis leve a moderada, especialmente como alternativa o complemento a los AINE cuando no se toleran bien.
Preguntas frecuentes sobre la artrosis de rodilla
¿La artrosis de rodilla tiene cura?
Actualmente no existe un tratamiento que regenere el cartílago perdido. Sin embargo, con un abordaje adecuado (ejercicio, control de peso, medicación y fisioterapia), la mayoría de los pacientes consigue una mejora significativa del dolor y mantiene una buena calidad de vida durante años sin necesitar cirugía.
¿Puedo hacer deporte si tengo artrosis de rodilla?
Sí. El ejercicio de bajo impacto es beneficioso y forma parte del tratamiento. La natación, la bicicleta y el aquagym son especialmente recomendables. Los deportes de alto impacto deben valorarse individualmente con el especialista en función del grado de artrosis y la condición física del paciente.
¿A qué edad aparece la artrosis de rodilla?
Aunque puede afectar a personas jóvenes tras una lesión articular previa, la gonartrosis primaria aparece habitualmente entre los 50 y los 65 años. Su prevalencia aumenta progresivamente a partir de los 60 años, afectando a más de 1 de cada 3 personas mayores de 70.
¿Cuándo se necesita una prótesis de rodilla?
La prótesis se indica cuando la artrosis es de grado III-IV, el dolor es incapacitante y no ha respondido a al menos 6 meses de tratamiento conservador bien supervisado. La decisión es siempre individualizada y consensuada entre el paciente y el traumátologó.
¿La glucosamina funciona para la artrosis de rodilla?
La evidencia científica es moderada pero positiva, especialmente en artrosis de intensidad media a alta. Su efecto es lento (tarda 2-3 meses en notarse) y no funciona igual en todos los pacientes. Se considera un tratamiento complementario, no un sustituto de la fisioterapia o la medicación convencional.
Conclusión
La artrosis de rodilla es una enfermedad crónica y progresiva, pero perfectamente manejable con el tratamiento adecuado. El diagnóstico precoz —a través de la valoración clínica y la radiografía— permite iniciar medidas conservadoras que, en muchos casos, frenan la progresión y mantienen la funcionalidad durante años. El ejercicio terapéutico y el control del peso son los pilares ineludibles del manejo, con la medicación, las infiltraciones y los suplementos como herramientas complementarias de gran valor.
Si sospecha que puede estar desarrollando gonartrosis o ya tiene un diagnóstico confirmado, actuar cuanto antes marca la diferencia. Consulte a su médico, inicie un programa de fisioterapia supervisada y explore todas las opciones disponibles para proteger su movilidad a largo plazo.