Artrosis: qué es, síntomas, causas y tratamiento actualizado
La artrosis afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo. En España, uno de cada cuatro adultos mayores de 40 años tiene algún grado de desgaste articular; en Latinoamérica, las cifras son similares y suben notablemente a partir de los 60. No es una rareza ni una mala suerte puntual: es la enfermedad articular más común que existe.
El problema es que sigue rodeada de resignación. Mucha gente asume que el dolor en las rodillas o la rigidez matutina son «cosas de la edad» y que no hay mucho que hacer. Eso no es cierto. Cuanto antes se entiende qué está pasando en la articulación, más opciones hay para actuar sobre ello.
Esta guía cubre todo lo que conviene saber: qué es exactamente la artrosis, cómo se manifiesta, por qué aparece y qué tratamientos existen hoy.
¿Qué es la artrosis? Definición y mecanismo
La artrosis —osteoarthritis en inglés, abreviada OA— es una enfermedad degenerativa de las articulaciones que destruye progresivamente el cartílago articular. El cartílago recubre los extremos de los huesos y actúa como amortiguador: permite el movimiento sin fricción y absorbe el impacto de cada paso, cada giro, cada carga.
Cuando ese cartílago se desgasta, los huesos empiezan a rozar directamente entre sí. El resultado es inflamación, dolor y, con el tiempo, cambios estructurales que no se revierten solos: los osteofitos (esos «picos de hueso» que aparecen en las radiografías), el engrosamiento del hueso subcondral, el deterioro de los tejidos blandos que rodean la articulación.
Conviene aclarar una confusión frecuente: la artrosis no es una enfermedad autoinmune. No es el sistema inmunitario atacando las articulaciones, como ocurre en la artritis reumatoide. Es un proceso mecánico-degenerativo con inflamación secundaria. La distinción importa porque el tratamiento es diferente.
Dato clave: Según la OMS, la artrosis es la principal causa de discapacidad funcional en personas mayores de 65 años a nivel mundial.
Tipos de artrosis según la articulación afectada
La artrosis puede aparecer en casi cualquier articulación, pero hay localizaciones donde es claramente más frecuente.
Artrosis de rodilla (gonartrosis)
La más habitual. Las rodillas cargan con todo el peso corporal en cada movimiento, lo que las hace especialmente vulnerables al desgaste. El dolor típico aparece al bajar escaleras, al levantarse tras estar sentado un rato o después de una caminata larga.
Artrosis de cadera (coxartrosis)
Genera dolor en la ingle, el muslo o los glúteos, y limita el rango de movimiento de la cadera de forma progresiva. En casos avanzados es una de las causas más frecuentes de reemplazo articular.
Artrosis de manos
Muy prevalente en mujeres después de la menopausia. Afecta a las articulaciones de los dedos —especialmente las interfalángicas distales y proximales— y a la base del pulgar (rizartrosis). Los nódulos de Heberden o Bouchard, ese engrosamiento visible en las articulaciones de los dedos, son su marca distintiva.
Artrosis de columna (espondilosis)
Afecta a vértebras cervicales y lumbares. Puede limitarse a dolor de espalda crónico y rigidez, pero cuando los osteofitos comprimen raíces nerviosas, el dolor se irradia hacia brazos o piernas —lo que conocemos como cervicalgia, lumbalgia o ciática.
Otras localizaciones
Hombros, tobillos y pies también pueden verse afectados, aunque con menos frecuencia que las articulaciones de carga.
Síntomas de la artrosis: cómo reconocerla
La artrosis no aparece de golpe. Los síntomas se instalan despacio y van cambiando a medida que avanza el daño articular. El perfil típico incluye dolor que empeora con el movimiento, rigidez al despertar y, en etapas más avanzadas, deformidad visible.
El dolor articular
Es el síntoma más frecuente y el que lleva a la gente a consultar. El dolor de articulaciones propio de la artrosis tiene una característica bastante definida: mejora con el reposo en las fases iniciales. Con el tiempo eso cambia, y el dolor puede aparecer también de noche o sin provocación, lo que indica que el daño estructural ya es importante.
Rigidez matutina
Muchas personas con artrosis notan que las articulaciones afectadas están especialmente rígidas al levantarse por la mañana o después de estar mucho tiempo sentadas. La diferencia clave respecto a la artritis reumatoide: en la artrosis esa rigidez cede en menos de 30 minutos en cuanto la articulación entra en movimiento.
Crepitación
Ese sonido o sensación de «arena» al mover la articulación tiene nombre: crepitación. Es el resultado de que las superficies del cartílago ya no son lisas sino irregulares y rugosas.
Hinchazón y deformidad
En fases más avanzadas puede acumularse líquido sinovial en la articulación (derrame), con hinchazón y calor local. Con el tiempo, la articulación puede deformarse de manera visible.
Pérdida de movilidad
El dolor y la rigidez acaban reduciendo el rango de movimiento. Cosas que antes eran automáticas —ponerse los zapatos, subir escaleras, abrir un frasco— se vuelven complicadas o directamente dolorosas.
Estadios de progresión
Radiológicamente, la artrosis se clasifica según la escala de Kellgren-Lawrence en cuatro grados:
- Grado 1: Cambios mínimos o dudosos. El espacio articular se mantiene.
- Grado 2: Osteofitos definidos, posible estrechamiento leve del espacio articular.
- Grado 3: Estrechamiento moderado, esclerosis subcondral, osteofitos múltiples.
- Grado 4: El espacio articular está muy reducido o ha desaparecido. Deformidad ósea clara.
Un matiz importante: el grado radiológico no siempre se corresponde con el dolor. Hay personas con una radiografía de grado 3 que llevan una vida normal, y otras con grado 2 que sufren bastante. La clínica manda.
Causas y factores de riesgo de la artrosis
No hay una causa única. La artrosis resulta de la combinación de varios factores, algunos inevitables y otros sobre los que sí se puede actuar.
Lo que no se puede cambiar
- Edad: El cartílago pierde agua y capacidad de regeneración con los años. El riesgo sube de forma clara a partir de los 45-50. Notar dolor articular después de los 40 no es normal ni inevitable, pero sí es una señal que merece atención.
- Sexo: Las mujeres tienen más artrosis que los hombres, especialmente en manos, rodillas y cadera. El descenso de estrógenos tras la menopausia acelera el proceso.
- Genética: Si tus padres o abuelos tuvieron artrosis de manos o rodilla, tu riesgo es el doble. Hay un componente hereditario claro, aunque no determinista.
- Anatomía: La displasia de cadera, las desalineaciones del eje de la rodilla (genu varo o valgo) o diferencias de longitud entre piernas generan una distribución asimétrica de las fuerzas que acelera el desgaste.
Lo que sí se puede modificar
- Sobrepeso: Cada kilo extra se traduce en 3-6 kg de carga adicional sobre las rodillas en cada paso. Pero el problema no es solo mecánico: el tejido graso genera inflamación sistémica de bajo grado que también daña el cartílago.
- Falta de actividad física: La musculatura periarticular es el soporte activo de la articulación. Cuando está débil por sedentarismo, la articulación absorbe directamente los impactos que debería amortiguar el músculo.
- Lesiones articulares previas: Una rotura de menisco, una fractura intraarticular o una lesión ligamentosa mal curada multiplican el riesgo de artrosis en esa articulación años después.
- Trabajo físico repetitivo: Ciertos oficios —albañilería, agricultura, trabajo en cadena— implican movimientos repetitivos o cargas que aceleran el desgaste articular de forma acumulativa.
Diagnóstico de la artrosis
No hay ninguna prueba de sangre que confirme la artrosis. El diagnóstico es clínico y radiológico: se basa en los síntomas, la exploración y las imágenes.
Historia clínica y exploración
El médico preguntará dónde duele, cuándo, qué lo mejora y qué lo empeora, qué trabajo ha tenido la persona, si ha sufrido lesiones previas y si hay antecedentes familiares. La exploración detecta crepitación, limitación del movimiento, derrames y deformidades.
Radiografía simple
Es la primera prueba de imagen que se pide. El estrechamiento del espacio articular, los osteofitos y la esclerosis del hueso subcondral son los hallazgos clásicos. Eso sí, la correlación entre imagen y dolor no es perfecta: hay artrosis avanzada radiológicamente que duele poco, y artrosis inicial con dolor importante.
Resonancia magnética
Permite ver el cartílago directamente y detectar lesiones en fases precoces, antes de que aparezcan cambios en la radiografía. También es útil para planificar cirugía o descartar patología asociada (menisco, ligamentos).
Ecografía
Rápida, sin radiación y disponible en consulta. Útil para detectar derrames y para guiar infiltraciones.
Analítica
Se pide para descartar otras causas de dolor articular —artritis reumatoide, gota, lupus— no para confirmar la artrosis. En la artrosis pura, los valores inflamatorios (VSG, PCR) son normales o solo mínimamente elevados.
Tratamiento de la artrosis: opciones actualizadas
La artrosis no tiene cura. Ningún tratamiento actual regenera el cartílago destruido. Pero eso no significa que no haya nada que hacer: el abordaje combinado —medicación cuando procede, fisioterapia, cambios de hábito y cirugía en los casos que lo requieren— controla los síntomas y mantiene la funcionalidad en la mayoría de pacientes.
Tratamiento farmacológico
Analgésicos y AINE: El paracetamol sigue siendo la primera opción para el dolor leve-moderado. Los antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco) son más potentes en brotes inflamatorios, pero tienen efectos secundarios gastrointestinales y cardiovasculares que limitan su uso prolongado.
AINE tópicos: Geles de diclofenaco o ketoprofeno aplicados directamente sobre la articulación ofrecen buena eficacia local —especialmente en manos y rodillas— con mucho menor riesgo sistémico que los orales.
Corticoides intraarticulares: Las infiltraciones de corticoesteroides reducen la inflamación y el dolor durante semanas o meses. Muy útiles en brotes agudos. No conviene repetirlas con demasiada frecuencia porque a largo plazo pueden deteriorar el propio cartílago.
Ácido hialurónico intraarticular: Inyectar hialurónico en la articulación busca restaurar la viscosidad del líquido sinovial. La evidencia es heterogénea —funciona bien en algunos pacientes, en otros poco—, pero tiene un perfil de seguridad aceptable.
SYSADOA (fármacos de acción lenta): El sulfato de glucosamina y el sulfato de condroitina pertenecen a esta categoría. A diferencia de los analgésicos, no actúan de inmediato, pero tienen efecto antiinflamatorio leve y evidencia de modulación del metabolismo cartilaginoso. Se verán con más detalle más abajo.
Fisioterapia y rehabilitación
La fisioterapia tiene evidencia sólida en artrosis y es uno de los tratamientos con mejor relación beneficio-riesgo. Los objetivos son reducir el dolor, fortalecer la musculatura de apoyo articular y enseñar al paciente a moverse sin dañarse.
- Ejercicio terapéutico: El trabajo de fuerza —especialmente del cuádriceps en la artrosis de rodilla— es la intervención con más respaldo científico. Combinado con ejercicio aeróbico de bajo impacto, produce mejoras sostenidas en dolor y función.
- Termoterapia: El calor (bolsa, infrarrojos) reduce la rigidez y relaja la musculatura periarticular. El frío funciona mejor en brotes inflamatorios agudos.
- Ortesis: Rodilleras, plantillas, bastones. Bien indicados, redistribuyen la carga articular y mejoran la estabilidad.
Cirugía
Se reserva para artrosis avanzada que no responde al tratamiento conservador y genera limitación funcional grave.
- Artroscopia: Indicada cada vez con menos frecuencia. Solo en casos muy seleccionados con fragmentos libres o patología meniscal asociada.
- Osteotomía: Corrección del eje del miembro para descargar el compartimento dañado. Se usa en pacientes jóvenes con artrosis localizada en un solo compartimento de la rodilla.
- Prótesis total: El reemplazo articular —de rodilla o cadera sobre todo— elimina el dolor en más del 85-90% de los casos. Las prótesis modernas duran más de 15-20 años. Cuando está bien indicada, transforma la calidad de vida.
Artrosis de rodilla: la más frecuente
La gonartrosis merece un apartado propio porque es la localización más prevalente de todas. Afecta al 10-15% de los españoles mayores de 55 años y es responsable de más del 30% de las prótesis de rodilla que se colocan cada año.
El dolor aparece típicamente en la cara anterior o interna de la rodilla, empeora al bajar escaleras o al levantarse tras estar sentado, y suele ir acompañado de esa crepitación característica al doblar la pierna. En fases avanzadas, la rodilla puede deformarse hacia afuera (valgo, piernas en X) o hacia adentro (varo, piernas en O).
El tratamiento conservador funciona bien en estadios iniciales y moderados: perder peso, fortalecer el cuádriceps, usar calzado amortiguador, y analgésicos o AINE cuando el dolor lo requiere. La prótesis entra en juego cuando nada de eso es suficiente y el dolor se vuelve incapacitante.
Estilo de vida y prevención de la artrosis
No existe prevención perfecta, sobre todo cuando hay carga genética. Pero el estilo de vida sí puede retrasar la aparición de síntomas y frenar la progresión una vez que la enfermedad está establecida.
El peso importa más de lo que parece
Bajar 5 kg reduce la carga acumulada sobre las rodillas en más de 20 kg por kilómetro caminado. Incluso pérdidas del 5-10% del peso corporal producen mejoras medibles en el dolor y la función articular. No hace falta llegar al peso ideal; cualquier reducción ayuda.
Moverse, pero bien
Natación, bicicleta, aquagym, yoga adaptado. Estas actividades mantienen la movilidad articular y fortalecen la musculatura sin el impacto que generan la carrera o los deportes de contacto. Lo mínimo recomendado son 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, más un par de sesiones de fuerza. No es una cantidad inalcanzable.
Ergonomía y hábitos cotidianos
Evitar permanecer demasiado tiempo en cuclillas o con las rodillas flexionadas, usar calzado con buena amortiguación, no cargar peso de forma asimétrica. Son ajustes pequeños, pero el daño articular se acumula durante años y cada carga evitada cuenta.
Alimentación
No hay una dieta que cure la artrosis, pero una alimentación antiinflamatoria —rica en omega-3, frutas, verduras y baja en azúcares y grasas saturadas— reduce la inflamación sistémica de fondo que acelera el deterioro del cartílago.
Glucosamina y condroitina: apoyo natural para las articulaciones
Entre los suplementos con más evidencia en artrosis, la glucosamina y condroitina son los que acumulan más estudios. No son remedios alternativos ni promesas sin respaldo: forman parte de la categoría SYSADOA reconocida por las guías clínicas europeas (EULAR).
La glucosamina es un precursor de los glucosaminoglicanos, los componentes estructurales del cartílago. Se ha estudiado en forma de sulfato y clorhidrato durante décadas. Los beneficios de la glucosamina documentados incluyen reducción del dolor articular y mejoría de la función, con un perfil de tolerancia muy bueno.
La condroitina es un glucosaminoglicano sulfatado que aporta elasticidad al cartílago e inhibe algunas de las enzimas responsables de su degradación. Tiene efecto antiinflamatorio propio.
El estudio GAIT (National Institutes of Health, EE.UU.), uno de los más grandes realizados en este campo, encontró que la combinación de ambos puede ser especialmente eficaz en artrosis de rodilla moderada-grave. Las guías EULAR los clasifican como fármacos de acción lenta con buena relación beneficio-seguridad.
Las dosis habituales son 1.500 mg/día de sulfato de glucosamina y 800-1.200 mg/día de condroitina. El efecto no es inmediato —hay que darles al menos 2-3 meses para valorar si responden—, y funcionan mejor en estadios iniciales y moderados que en artrosis muy avanzada. Son un complemento del tratamiento, no un sustituto.
Preguntas frecuentes sobre la artrosis
¿La artrosis tiene cura?
No existe ningún tratamiento que cure la artrosis ni regenere el cartílago destruido. Sin embargo, el manejo actual permite controlar bien los síntomas y preservar la función articular durante años. En artrosis terminal, la prótesis articular restaura la calidad de vida en más del 85% de los pacientes.
¿Es lo mismo artrosis que artritis?
No. La artrosis es un proceso degenerativo mecánico sin base autoinmune. La artritis reumatoide, en cambio, es una enfermedad inflamatoria sistémica en la que el sistema inmunitario ataca la membrana sinovial. Tienen causas, evolución y tratamiento distintos, aunque ambas producen dolor articular.
¿La artrosis solo afecta a personas mayores?
La edad es el factor de riesgo más importante, pero no el único. La artrosis puede aparecer en personas jóvenes tras traumatismos articulares graves, en deportistas de alto rendimiento o en personas con sobrepeso importante. En esos casos se habla de artrosis secundaria.
¿El frío empeora la artrosis?
Muchos pacientes lo refieren, y no están equivocados en lo que perciben. Lo que ocurre exactamente no está del todo claro, pero se cree que los cambios de presión barométrica y la temperatura afectan a la sensibilidad articular. El frío no daña más el cartílago, pero sí puede aumentar la percepción del dolor.
¿Qué deportes puedo practicar con artrosis?
Los de bajo impacto son los más adecuados: natación, bicicleta, yoga, pilates adaptado. Caminar en terreno llano a ritmo moderado también es perfectamente compatible con la artrosis. Lo que conviene evitar son los deportes de alto impacto sin una base de fortalecimiento muscular previa.
¿Cuándo hay que plantearse la operación?
Cuando el dolor es incapacitante, no responde al tratamiento conservador tras varios meses y la radiografía muestra daño articular severo. La cirugía nunca es la primera opción, pero tampoco hay que esperarse al límite absoluto: operar antes de que la musculatura se deteriore demasiado mejora los resultados.
Conclusión
La artrosis no es un destino inevitable. Es una enfermedad degenerativa, sí, pero con muchos puntos de intervención: el peso, la musculatura, la actividad física, el tratamiento farmacológico y, en casos avanzados, la cirugía. Complementar ese abordaje con suplementos como la glucosamina y condroitina tiene respaldo científico y un perfil de seguridad que pocos tratamientos pueden igualar.
Si notas rigidez matutina, crujidos articulares o un dolor que aparece con la actividad y no termina de irse, no lo dejes pasar. Cuanto antes se valora, más herramientas hay sobre la mesa.